El Mundial de Fútbol que se está celebrando en el norte de América aspira a batir varios récords, pero no todos son positivos, como queda reflejado en el elevado consumo de agua necesaria para sostener la infraestructura del torneo y del público asistente.
Buena parte del campeonato se disputa en regiones de México y Estados Unidos que ya estaban sometidas a un fuerte estrés hídrico por la sobreexplotación de acuíferos, el aumento de las temperaturas y la demanda creciente.
El incremento en el número de países anfitriones, partidos y selecciones ha disparado de forma significativa la huella de carbono, según el estudio 'FIFA´s Climate Blind Spot' del New Weather Institute, que prevé sea la edición más contaminante de la historia, superando los 9 millones de toneladas de CO₂ en emisiones.
Lo único positivo, según especialistas consultados por EFE, es que al haber múltiples sedes también se dispersa la demanda hídrica, evitando la presión que generaría concentrar todo el consumo en un solo anfitrión.
Consumo elevado
El mantenimiento del césped "es uno de los principales gastos del agua", ha explicado el profesor de gestión deportiva de la Universidad de Florida y experto en ecología del deporte y planificación urbana, Timothy Kellison.
Antes del torneo, 8 de los 16 estadios utilizaban césped artificial cuya gestión implica mucha menos agua, pero tuvieron que cambiarlo por natural para adaptarse a las exigencias de la FIFA.
El Mundial es una “experiencia completamente distinta a un evento deportivo al uso" y conlleva “demandas adicionales de agua” entre otras cosas para atender a las audiencias masivas de espectadores en cada partido.
Kellison sostiene que, de todas formas, "el volumen de agua que necesita una gran competición deportiva es manejable" y considera “inevitable” que las ciudades que albergan el Mundial "tengan que adaptarse a las realidades del entorno”, pese a las olas de calor más intensas y a la creciente escasez de agua, pero no cree que el modelo de repartir las sedes sea "el camino a seguir”.
Es preferible centrarse en "cómo se da prioridad y se reparte" este recurso escaso, especialmente en grandes urbes como Nueva York o Ciudad de México que requieren una "demanda enorme" a diario y la previsión es que vaya en aumento: "para 2050, Los Ángeles requerirá cinco veces más que el suministro disponible en la actualidad”, advierte.
Estadios resilientes
Una mejora ambiental respecto al Mundial anterior es que no ha sido necesario construir estadios nuevos, cuando en Catar fue preciso levantar de la nada siete de los ocho recintos deportivos empleados.
"El estadio más sostenible es el que ya existe", defiende el director ejecutivo interino de la Green Sports Alliance (GSA), Michael Kraus, pese a reconocer la "fuerte exigencia" a la que están sometidos los coliseos norteamericanos y el "riesgo inherente" por las altas temperaturas.
Sin embargo, el Mundial ha supuesto "una oportunidad de crear mejores sistemas" que perduren en el tiempo y destaca "el trabajo increíble realizado en infraestructura hídrica" en recintos como el SoFi Stadium de California (EE.UU.), el Mercedes‑Benz Stadium de Atlanta (EE.UU.) o el estadio Akron en Guadalajara (México), gracias a sus sistemas de captación y reutilización del agua de lluvia.
México
De los tres países organizadores, la situación hídrica más delicada es la de México, que ha alternado sequías prolongadas con graves inundaciones.
Aunque las lluvias del año pasado permitieron dejar atrás el problemático momento de 2024 (cuando casi el 90 % del territorio presentaba algún grado de sequía, mientras hoy ronda el 15 %, según el Monitor de Sequía) el país arrastra una crisis prolongada de agua: entre 2021 y 2025, la mayor parte de México registró de manera casi continua algún nivel de sequía.
“Es todavía un poco prematuro dar por terminada esta situación”, reconoce la profesora de Antropología Social en Ciudad de México, Monika Streule, coordinadora del proyecto de investigación 'Territorialidades en resistencia frente a los extractivismos urbanos', orientado al estudio de los megaproyectos deportivos en el contexto del Mundial 2026.
El desequilibrio sigue ahí porque las lluvias de 2025 ("las más intensas en 80 años", según la Comisión Nacional del Agua), provocaron inundaciones y deslizamientos que dejaron 72 muertos y más de 320.000 personas afectadas.
Por ello Streule señala que los críticos de la actual administración presidida por Claudia Sheinbaum acusan al Gobierno de “maquillar la situación del país a través del Mundial mientras desatiende infraestructuras básicas como el drenaje de las ciudades".



